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Eterno fugaz
obras nuevas de Pablo Mattioli
del 23 de junio al 4 de agosto del 2018
 
Galería Mar Dulce, Uriarte 1490, Palermo Soho

Eterno fugaz, la primera muestra individual de Pablo Mattioli en Galería Mar Dulce, presenta más de 30 obras nuevas del artista.

“Como las cajitas de música que acunan los sueños infantiles, las cajitas de cuento de Pablo Mattioli capturan escenas oníricas de adultos en miniatura y relatan una historia mínima que congela, tras el cristal, un momento indiviso. En esa parquedad del mensaje mínimo reside la expansión al infinito de su sentido, que recrea una y otra vez la misma melodía o la misma escena, pero de manera distinta en cada ensoñación de quien percibe la música o el cuento. Una figura humana, o dos, en escala diminuta, preside una escena también pequeña. Una humanidad reducida al centímetro cuenta, en apenas una instantánea, una vida entera en remolinos de papel picado” versión editada del texto de catálogo de la exposición de Adriana Amado.

Pablo Mattioli nació en Mercedes, Provincia de Buenos Aires, Argentina, en 1971. Egresado de la escuela nacional de bellas artes Rogelio Yrurtia, completó su formación en el IUNA conjuntamente en los talleres de pintura de Myriam Holgado y de artes del fuego con Graciela Ciancio. Desde 1994 participa en distintas disciplinas de las artes visuales - dibujo, pintura, arte correo y artes del fuego - realizando diversas muestras individuales, colectivas y trabajos docentes interdisciplinarios. Colecciona pequeños objetos en especial de ferromodelismo y dioramas desde su infancia; que a partir del 2014 forman parte de su obra. Sus principales exposiciones individuales son: "Nadar infinito" pinturas, AMA galería, Buenos Aires, 2014; "Reflejos entonados" pinturas y objetos, AMA galería Buenos Aires, 2012; “Infancia” pinturas y objetos, Centro Cultural Chacra de los Olivera, Buenos Aires, 2009; “Ayer soñé” pinturas y objetos, Late galería, Buenos Aires, 2008;  “Paisajes urbanos” pinturas, Fund Aepa 2006. Participó en la muestra itinerante Pequeñas colecciones ed 2014: “Buen viaje” en el Jardín Botánico.  Expone en Galería Mar Dulce desde el año 2010. Vive y trabaja en Buenos Aires.

Galería Mar Dulce se especializa en obras de pequeño y mediano formato de pintura, dibujo, grabado, libros de artista y objetos, realizadas por artistas rioplatenses clásicos y contemporáneos. Junto a Eterno fugaz presentamos +COLECTIVA52, una curaduría de obras realizadas por Tulio de Sagastizábal, Alfredo Prior, Margarita Galetar, María Luque, Ximena Ibañez, Laura Romano, Zeta Yeyati, Iratxe González, Ana Rita Gendrot, Fabio Risso Pino, Lucila Domínguez, Maricel Rodriguez Clark, Verónica García, Camila Vilar, Raoul Veroni, Melanie Koblinc, Ral Veroni, Miren Asiain Lora y Santiago Cogorno.

Dirección: Uriarte 1490, Palermo Soho, Buenos Aires 
Inauguración: sábado 23 de junio, 16-20hs 
Horario normal: martes a sábados 15-20hs 
Cierre: sábado 4 de agosto del 2018
Para más información: 15 5319 3597 / galeriamardulce@gmail.com 

Eternal Ephemera 
new works by Pablo Mattioli  
June 23 to August 4, 2018 
Galería Mar Dulce , Uriarte 1490, Palermo Soho 

Eternal Ephemera, Pablo Mattioli’s first individual exhibition in Galería Mar Dulce, presents more than 30 new works by the artist.

“Like the music boxes that cradle childhood dreams, Mattioli’s story boxes capture dreamlike scenes of tiny adults, telling a minimal story that freezes a moment in time behind glass. In the frugality of the message lies an infinite expansion of its meaning. The same melody or scene is recreated again and again, but in a different way, according to the imagination of each observer. It is humanity reduced to the centimetre; one snapshot presenting a whole life in a commotion of cut-up paper.” edited version of the catalogue text by Adriana Amado. 

Pablo Mattioli was born in Mercedes, Buenos Aires Province, Argentina, in 1971. He graduated from the Rogelio Yrurtia National School of Fine Arts and completed his training at the IUNA (National University Institute of Art), in Myriam Holgado’s painting workshops and Graciela Ciancio’s kiln arts workshops. Since 1994 he has participated in different disciplines within the visual arts - drawing, painting, mail art and kiln art - undertaking various individual and collective exhibitions and interdisciplinary teaching works. He collects small objects, especially train model items and dioramas, from childhood, which since 2014 have formed part of his work. His main solo exhibitions are: "Nadar infinito" paintings, AMA gallery, Buenos Aires, 2014; "Reflejos entonados" paintings and objects, AMA gallery Buenos Aires, 2012; "Infancia" paintings and objects, Cultural Center Chacra de los Olivera, Buenos Aires, 2009; " Ayer soñé" paintings and objects, Late gallery, Buenos Aires, 2008; " Paisajes urbanos" paintings, Fund Aepa 2006. He participated in the travelling exhibition Pequeñas Colecciones in 2014: "Buen viaje" in the Botanical Garden. Since 2010 he had taken part every year in the annual editions of "Sweet for my sweet" in Galería Mar Dulce, Buenos Aires as well as inmany of the +COLLECTIVEs in the same gallery. His work is part of several national and international collections. He lives and works in Buenos Aires. 

Galería Mar Dulce specialises in small and medium format artwork in painting, drawing, print, photography, artists’ books and objects, produced by classic and contemporary Argentine artists. To accompany Eternal Ephemera we present +COLLECTIVE52, a specially curated selection of works by Tulio de Sagastizábal, Alfredo Prior, Margarita Galetar, María Luque, Ximena Ibañez, Laura Romano, Zeta Yeyati, Iratxe González, Ana Rita Gendrot, Fabio Risso Pino, Lucila Domínguez, Maricel Rodriguez Clark, Verónica García, Camila Vilar, Raoul Veroni, Melanie Koblinc, Ral Veroni, Miren Asiain Lora and Santiago Cogorno.

Venue: Galería Mar Dulce, Uriarte 1490, Palermo Soho, Buenos Aires
Opening Event: Saturday 23 June, 4-8pm
Normal Opening Hours: Tuesday to Saturday 3-8pm
Exhibition ends: Saturday 4 August 2018 

for further information: 15 5319 3597 / galeriamardulce@gmail.com
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La eternidad de lo pasajero
por Laura Isola
Perfíl - Cultura
sábado 14 julio, 2018

A semejanza de las cajitas musicales que resguardan mundos autónomos, las de Pablo Mattioli revelan una humanidad diminuta donde se da cita el sueño. Los trabajos realizados por el artista evocan, casi como un tratado, las maneras diminutas.

Los artículos y ensayos que se refieren al uso del diminutivo en castellano comienzan con una imposibilidad. En muchos casos, después de una compilación exhaustiva, de relevar obras literarias de diferentes países hispanohablantes, de recolectar la lengua y el habla principian la tarea con sentencias de derrota. Es imposible dar cuenta de todas las posibilidades de este uso. La explicación, en todo caso, estaría en la misma definición del sufijo diminutivo: los que indican tamaño pequeño, juventud, cariño o desdén. ¡Menuda tarea tengan en distinguir semejantes indicaciones! Pero, además, ese uso en el habla se vuelve a complicar. Justamente porque el diminutivo sirve, entre otras cosas, para la ironía. Esas arenas movedizas de la expresión y su comprensión dificultan, con tanta belleza, todo lo dicho y lo que estamos diciendo sin decirlo.

Semántica. Es así que las variantes de ito/ita o cito/cita y demás alternancias según la terminación que se le puede adjudicar a sustantivos, adjetivos y adverbios, –¡incluso Andrés Bello lo analizó en el gerundio con su matiz verbal!–, nos relacionan con el lenguaje de una manera muy emocional. No es la única manera, claro está, pero la que nos acerca a lo pequeño, territorio de la infancia, por ejemplo, con sus ecos amorosos y perversos, sus juegos y canciones de cuna, hace estallar el significado y lo altera. Componen el conjunto de los que se llaman apreciativos, los que añadidos, ocasionalmente, a otras clases de palabras les adhieren una descripción literal de la forma sino atenuación, encarecimiento, cercanía, ponderación, cortesía, ironía, menosprecio y otras nociones, “no siempre deslindables con facilidad, que caracterizan la valoración afectiva que se hace de las personas, los animales o las cosas”.

El que los usa para sus obras en papel es Pablo Mattioli. Y no es que escriba o hable con ellos. Los trabajos de Eterno fugaz evocan, casi como un tratado, las maneras diminutivas. No solo por el tamaño: sus cajitas son pequeñas como también los personajes que las habitan. Hombrecitos, veleritos, agüita y sombreritos, montañitas y cielitos suceden en pequeñas dimensiones armando paisajes de una imaginación frondosa y extensa. Combinaciones de colores y tonalidades plenas se alternan en porciones mínimas que se recortan en los marcos de sus cuadros. En cada uno hay un relato como si de cuentos se tratara. No son sus ilustraciones sino la razón de ser de sus historias.

Experiencia. En la técnica también hay un uso menor. Mattioli expande las posibilidades de la manualidad que se aprende en la escuela: cortar, pegar, pintar. Usa materiales escolares como tijera, agujereadora, papeles de colores. Esa impronta no es solo utilitarismo sino que reviste a su trabajo de una pátina evocadora de afectos infantiles. La infancia, entonces, no solo se rememora en lo chico de la dimensión sino en una corriente sentimental. En la tibieza de ese recuerdo mezclado con la inquietud de sus figuras de baja talla. “Lo inefable es, en realidad, la infancia. La experiencia es el mystérion que cada hombre instaura por el hecho de tener una infancia. Ese misterio no es un juramento de silencio o de inefabilidad mística; es, por el contrario, el voto que compromete al hombre con la palabra y con la verdad”, escribe Agamben en Infancia e historia y analiza la relación entre experiencia y lenguaje. Para el filósofo italiano, la infancia “no es un paraíso que abandonamos de una vez por todas para hablar, coexiste originariamente con el lenguaje”.

Por último, aparece la delicada ironía en el empleo de afectivo de esta forma. “Escenas de la vida posmoderna, esa picadora de carnes que en los cuadros resultan papel picado”, apunta con justeza Adriana Amado en su texto sobre Eterno fugaz. Picar y achicar, estrategias que practicó Jonathan Swift para describir a los habitantes de 15 cm de altura que encuentra Lemuel Gulliver en Liliput. Si bien el satírico irlandés va hasta el fondo con la crítica a la naturaleza humana, los gobiernos de turno y sociedad de su momento, podemos encontrar en esos hombrecitos complejos, pequeños y delicados, crueles y honorables la suficiente identificación a través del tiempo.

Eterno fugaz, Pablo Mattioli
Galería Mar Dulce, Uriarte 1490. 
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de martes a sábados de 15 a 20hs 
hasta el 4 de agosto

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Eterno fugaz, la muestra de Pablo Mattioli
por Cecilia Martínez
Revista BRANDO
12 de julio de 2018  

En sus cajas de cuento, el artista plástico Pablo Mattioli congela historias que atrapan el tiempo y lo eternizan entre las cuatro paredes de un cuadro. Las escenas adquieren relieve sobre escenarios de papel picado y los protagonistas son diminutas figuritas de colección. Son retratos metafóricos, festivos y románticos que se condensan en recuadros mínimos, mientras relación de acercamiento del espectador hacia el objeto invita a una inmersión poética del observador en la obra.

Eterno fugaz, la muestra que se podrá visitar este mes en la Galería Mar Dulce bajo la curaduría de Linda Neilson, es un recorrido por el trabajo de este artista que colecciona objetos en miniatura desde su infancia y que explora del papel todas sus posibilidades. "Lo pinto, lo perforo, lo doblo, lo corto; y eso me permite lograr volúmenes para distintas escenografías".

Pablo Mattioli (Mercedes, 1971) escoge particularmente piezas de ferromodelismo, diorama y maquetas. "Me interesa esa intimidad que se produce cuando observamos un objeto pequeño, cómo nos acercamos. Esos instantes en que nos detenemos y abstraemos para observar algo que está sucediendo en otra medida y escala", explica.

"No construyo los personajes", aclara. Su arte consiste en buscarlos, rastrearlos y seleccionarlos. Pero, principalmente, Mattioli es un coleccionista. Y lo resalta: "Eso es parte también del proceso creativo, la colección y la reinterpretación de cada objeto. El personaje-figura es fundamental en la gestión de cada caja".

Cada una de las cajas de cuento es única. Su creador suele trabajar en series y con una rutina de taller definida: pinta los papeles, los corta en tiras y forma volúmenes. "Son obras de pequeño y mediano formato, y, paradójicamente, propongo un juego de espacios, de grandes dimensiones representadas en soportes pequeños".

Las cajas cumplen la función de capturar e inmortalizar el tiempo. "Lo recuerdan como un souvenir de verano bajo la idea de eternizar lo fugaz y el concepto se conecta con la niñez, momento en que el tiempo parece eterno, pero en el que, sin embargo, todo es extremadamente fugaz", señala el autor.

En la muestra hay obras de singular sencillez y piezas de una mayor complejidad técnica y visual. "Imágenes de fábula o festivas con infinitas bandas de banderines, con olas, campos y cielos de papel picado que se comprimen en esta especie de cofre-camafeo al resguardo del olvido", añade.

En las obras de Pablo Mattioli, una mancha define un cielo a modo de recuerdo, "como si fuera un flash de la memoria"; un niño corre por la playa; un barco zarpa; y hay despedidas y castillos de arena que desafían al viento. "Son como fotogramas de la vida misma. Pequeños personajes corren, buscan, escapan, esperan o, simplemente, contemplan cómo el papel picado suavemente se desvanece para fundirse en un espacio infinito", puntualiza el artista.

Se trata de una treintena de cuadros que hablan de bosques encantados; tiras de papel picado recrean la lluvia y las estaciones del año aparecen "como escenas teatrales en una atmósfera de fantasía y misterio". Las escenas retratan el regreso a casa, el correr bajo el agua o los juegos de la infancia, "ideas simples representadas con miniaturas que atesoran aquello que fuimos, eso que alguna vez hicimos de niños, esos instantes pequeños de felicidad absoluta", señala el autor.

"Como la infancia, sus cuadros son sutiles pero potentes, perennes, inesperados", explica Adriana Amado, autora del texto curatorial del catálogo de la exposición. "Del arte pop viene la producción en serie del original: cajas blancas, rectangulares, idénticas de forma que empaquetan homogéneamente un contenido único. El cuadro es la unidad del cómic, de la fotonovela, del Instagram. Es un pedazo de la historia, un fotograma que Mattioli reinventa en una obra de arte original que rinde homenaje a los dioramas, esas escenas realistas con las que se quería dar vida a la fotografía antes de que se inventara el cine".

Para Amado, en el actual mundo de realidad virtual, la vuelta al diorama "es una reinvención de la Polaroid, con su borde blanco, pero en relieve, en su instantaneidad difuminada. Mattioli arma una colección de escenas de la vida posmoderna, esa picadora de carnes que en los cuadros resultan papel picado, momentos que viven muñequitos, juguetes de un momento que podría ser el de cualquiera".

Pablo Mattioli, Eterno Fugaz. En la Galería Mar Dulce, Uriarte 1490. Martes a sábados, de 15 a 20. Hasta el 4/8. Gratis.