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(English below)
Candombe lubolo
Diego Bianki
19 de junio – 31 de julio 2010

Durante años Bianki se ha unido al trajinar de las comparsas de candombe dibujando detrás de sus integrantes, mientras el repiquetear de las lonjas y la exaltada atmósfera carnavalesca resonaban en su imaginación. Como fruto de esa experiencia, y de tocar el “chico”, han surgido un libro y una exposición de pinturas, objetos y dibujos.

Estos trabajos son deudores del rico sincretismo que nutre la cultura del Río de la Plata, cuya fuentes africanas se hacen aquí evidentes; y dan testimonio de la vigencia de este ritmo que no ha dejado de sonar desde la época de la esclavitud hasta nuestros días.

Acerca del significado de las palabras “candombe” y “lubolo”:

El vocablo candombe brinda denominación a una ceremonia afro-rioplatense de dilatada tradición. Deriva del adjetivo kimbundú –erguida rama del frondoso árbol de los idiomas bantúes- ndombe, cuya acepción es “negro”, y el prefijo de concordancia ka que aparece con suma frecuencia en esa lengua. Por consiguiente, significa “negro”, “perteneciente a los negros”, propio de los negros”, etc. El ritmo es ejecutado en forma de danza y acompañado por tres membranófonos de diferentes tamaños llamados: chico, repique y piano. (Néstor Ortiz Oderigo, Diccionario de Africanismos en el Río de La Plata).

Estudiosos del tema como Ortiz Oderigo, Vicente Rossi y Luis Ferreira coinciden al señalar que la palabra lubolo -desde aproximadamente el año 1874- se utiliza para designar a aquellos integrantes blancos de las comparsas, que se pintaban de negro las partes visibles (caras, cuello, orejas y pantorrillas). La primera comparsa Lubola - fundada en Montevideo por un tipógrafo y un comerciante argentinos – se llamó ”Negros Lubolos”.


Junto a la muestra principal se expone una selección de obras de artistas invitados y de trastienda. +COLECTIVA2 presenta obras de Tulio de Sagastizábal, Leopoldo Torres Agüero, Ral Veroni, J.L. Borges, Alfredo Guido, Elenio Pico, Luciana Betesh, Alfredo Benavidez Bedoya, Rosana Simonassi, Raoul Veroni, Irene Banchero, Ana María Moncalvo y Jorge Carbajal.


se puede bajar un pdf del catálogo de la exposición acá



Candombe lubolo
Diego Bianki
19 June – 31 July 2010


For the past 15 years Argentine artist Diego Bianki has lived on the other side of the River Plate in Colonia de Sacramento, Uruguay. There he has joined in with the local ‘candombe’ musicians, playing the ‘chico’ and drawing to the tap tap tap of the drums, the exhalted carnival atmosphere resounding in his imagination. As fruit of his experience this exhibition of small tempera paintings, limited edition prints and intervened objects has emerged. The works draw on the rich cultural mix of the River Plate and give testimony to the force of the African roots and rhythms that have vibrated from the dark days of slavery until the present.

The exhibition coincides with the launch of the bilingual English-Spanish edition of Bianki’s book "Candombe: Carnival Fever" (pequeño editor, Buenos Aires, 2010) which brings together all of the paintings in the exhibition plus a short text by the artist.

Alongside the headline exhibition, Mar Dulce presents a specially curated exhibition of small and medium format artworks by classic and contemporary Argentine and Uruguayan artists. +COLECTIVE2 presents works by Tulio de Sagastizábal, Leopoldo Torres Agüero, Ral Veroni, J.L. Borges, Alfredo Guido, Elenio Pico, Luciana Betesh, Alfredo Benavidez Bedoya, Rosana Simonassi, Raoul Veroni, Irene Banchero, Ana María Moncalvo and Jorge Carbajal.

08/10 ADN Cultura, Gritos y Susurros

07/10 Rolling Stone, por Humphrey Inzillo

www.rollingstone.com
28.07.2010 | 16:30
El candombe según Diego Bianki
por Humphrey Inzillo


El artista plástico presenta su libro Candombe, fiebre de carnaval con una muestra en la galería Mar Dulce.

"A pesar de que en sus imágenes pueda encontrar el uso de una estética de inspiración en la pintura ingenua -sin uso de la perspectiva, con una mirada en dos dimensiones- y en el cómic, Candombe fue pensado para un público adulto", explica Diego Bianki, un talentoso artista plástico argentino que vive en Colonia del Sacramento y que, hace una década, encaró un trabajo de investigación y militancia ligado al candombe y la cultura afro en el Río de la Plata. El fruto de su trabajo es Candombe, fiebre de carnaval , un libro editado originalmente en Francia en 2004 y que ahora lanza para el mercado local Pequeño Editor, sello del cual es fundador y director ad-honorem. El libro forma parte de la colección Variables grádicas, donde se publican proyectos temáticos de Langer, Ral Veroni y Rapa Carballo, entre otros artistas co-generacionales de Bianki.

A comienzos de los 90, Bianki fundó la Comuna del Lápiz Japonés, y en 1993 lanzó una revista objeto homónima, inspirada en la Raw de Art Spiegelman, que en la página 3 del primer número develaba en forma de fellatio el misterio de la felicidad del hombrecito de la Avena Quaker.

Artista plástico, historietista e ilustrador, realizó diversas muestras individuales y colectivas en Elsi del Río (Buenos Aires, Argentina), Museo de Arte Contemporáneo (Barcelona, España) y Centro Cultural de España (Lima, Perú). Además, publica habitualmente en la revista Ñ, y en varios diarios de España.

Paralelamente, desarrolló su veta tamborera. "Empecé a salir con la familia Carabajal, mis maestros del tambor, en la comparsa Lonjas del Sacramento, hacia el año 2000. Después participé de la Agrupación Afro y desde el año pasado salgo con la agrupación lubola El caracú quemao de Colonia en Uruguay", repasa.

Sus compañeros de comparsa apoyaron con el sondo de sus tambores la inauguración de la pequeña pero muy recomendable exposición de los los originales del libro en la Galería Mar Dulce. La muestra incluye cuadros, collages, los cuadernos donde el artista tomaba notas y registraba in situ las escenas candomberas y algunas pinturas, muy interesantes, pintadas sobre lonjas de tambor.

El libro se presenta el viernes 30 en Mar Dulce, Uriarte 1490, a las 19. Y la muestra, colgada desde el 19 de junio, se puede ver hasta el sábado 31 de julio. Luego, inaugura el viernes 10 de septiembre en la galería Güear, Forida 359 (frente a la estación del ferrocarril) en Colonia del Sacramento.

Puede entenderse a Candombe, fiebre de carnaval como un canto de amor al tambor. ¿Cuál es tu primer recuerdo con ese instrumento? ¿Recordás al sonido del tambor en La Plata, tu ciudad natal?
Puede que sea una celebración, pero no solo del tambor sino también de todo el entorno que este instrumento convoca. Mi primer encuentro se da en el Uruguay, en las llamadas de Montevideo y luego en la ciudad de Colonia. En La Plata recién escuché el sonar de los tambores al pie del ex Hotel Provincial, tan solo hace unos cinco o seis años, y no podía creerlo. Conversé con esos tamborileros, que me comentaron que construían sus propios tambores y que se juntaban a tocar también detrás del Colegio Nacional. Por supuesto había entre ellos varios descendientes de uruguayos. Luego empecé a descubrir que en Buenos Aires hay muchísimas agrupaciones lubolas de candombe. Esto se puede comprobar a través de la revista Quilombo. Es impresionante todo lo que se puede encontrar acerca de la cultura Afro en Argentina.

¿En qué momento el candombe (y su cultura) se transformó en el eje temático de tu obra?
Me ocurrió al empezar a cruzar al Uruguay, a la otra orilla del "Mar dulce" (como lo llamara J. D. de Solís). Comencé a viajar mucho hacia allí y contacté con gente de la comparsa Lonjas del Sacramento fundada por la familia Carbajal de Colonia, quienes me permitieron asistir a los ensayos y dibujar mientras ellos hacían su recorrido tocando por la ciudad. Cada tanto, la comparsa se paraba a encender un fuego para volver a tensar las lonjas de los tambores, que con la humedad ambiente pierden su rigidez, y esos momentos también eran aprovechados para dibujar todo lo que iba ocurriendo mientras duraba el ensayo. De allí en adelante me involucré aun más y comencé a aprender a tocar en 1999. Una vez que logré aprender el instrumento, comencé a viajar con ellos por todo el Uruguay tocando durante el carnaval y en eventos de otras festividades. Esa experiencia me permitó compartir muchas cosas y ver todo con ojos desde adentro del asunto. Fue así como comencé a dibujar cientos de escenas alusivas, que como estudios previos, ayudaron a concretar pinturas, serigrafías y objetos. También fui rescatando en esos trayectos, elementos deshechables de la gráfica cotidiana: paquetes de yerba mate, envoltorios de caramelos, etiquetas de tabaco, sobres de azúcar, todos elementos pertenecientes al carnavalesco "mundo del consumo", que han contribuído a formar parte importante de las imágenes.

Pedro Figari y Carlos Páez Vilaro son algunos de los artistas plásticos que también investigaron y utilizaron la temática del candombe en su obra. ¿Representan algún tipo de influencia o referencia para este trabajo? ¿Tuviste otras?
A decir verdad, si bien sabía de la existencia de las pinturas de Pedro Figari no había visto nada y tampoco quería hacerlo, hasta tanto no terminara el libro, para no dejarme influenciar de ningún modo. Lo mismo me ocurrió con Páez Vilaró, de quien sabía que había tratado el tema y que tocaba en Quareim 1080, una de las comparsas más importantes de Montevideo. Quería lograr una versión propia, producto de la experiencia concreta en vivo y el complemento de algunas lecturas logradas a través de la obra de escritores que trataron no solo el tema de la cultura Afro sino también como esa cultura se fusionó desde la época de la colonia con la cultura local hasta nuestros días. También me interesaba la conexión con el carnaval, esa inversión de roles que la fiesta propone. La lecura de Pantagruel y Gargantúa de Françoise Rabelais fue una conexión fundamental en ese aspecto. También los textos de Mijail Bajtin que analizan el simbolismo expresado por Rabelais y su sincronización con la inspiración en lo popular. Por algunos aspectos formales, algunos colegas, lo han relacionado con la pintura de Cándido López, lo que para mi es un gran halago. No obstante, creo que en este trabajo la influencia más grande proviene de la literatura (sobre todo de Rabelais), la experiencia en vivo con las comparsas, y el sincretismo religioso, que fueron algunas de las piezas inspiradoras que sirvieron para animar las páginas del libro y cada verso del texto que las acompaña.

¿Te interesa sólo el sincretismo rioplatense, o te atrae también la tradición del norte del Brasil y de Cuba?
Cualquier tipo de fusión me parece enriquecedora. En el caso del sincretismo religioso entre lo afro y el catolicismo, lamentablemente no ha sido fruto ni de la casualidad ni de algún tipo de acuerdo entre las partes, sino que una cultura es avasallada y la otra trata de sobrevivir pese al avasallamiento sufrido. Pero como la cultura afro es tan fuerte (en el amplio sentido de la palabra), supo sortear de mucha maneras la presión del catolicismo. Sobre todo la manera de baile fue bastante resistida, la describían personajes influyentes de la época como una "danza lasciva". No conozco tanto lo que ocurre en Cuba o Bahía, pero es probable que el sincretismo allí existente, tenga la misma raíz y por consiguiente, coincida con lo que ha pasado aquí en el Río de La Plata.

Por Humphrey Inzillo

07/10 Clarín, por Cristina Civale

"Candombe"
por Cristina Civale
(Clarín weblog "Civilisación y Barbarie", 26.07.10)


Este viernes 30 de julio se presente en la Galería Mar Dulce (Uriarte 1490), el exqusito libro del diseñador y dibujante Diego Bianki, una historia ilustrada del canbombe: Candombe: Fiebre de Carnaval, bilingüe español-inglés, textos y dibujos, 32 páginas, color, 17x22cm.

Una pequeña joya, una fiesta para los sentidos.


En cada imagen, resuenan los repiques de los tambores y hay una reminiscencia -al menos para mí- al genial Cándido López en sus pinturas sobre la guerra del Paraguay.

Otras realidades, otros ámbitos, pero un parentezco incuestionable y un trabajo con una sucesión de imágenes: coloridas, poderosos, a veces naives, narran uno de los fenómenos musicales y sociales que enaltecen y producen una marca exclusiva en las producciones visuales y sonoras del Río de la Plata.


La muestra -que precedió al libro y funcionó como su preábulo- cierra el día después de la presentación del libro, a las 7pm: te repito en Galería Mar Dulce de Palermo Soho.

Presentan el libro el filósofo Tomás Abrahan, el dibujante Ral Veroni y el sociólogo Christian Ferrer.

Edición limitada. Si te gusta lo que ves: date prisa!

07/10 Hablando del asunto, por Matías Fernandez

www.hablandodelasunto.com.ar
26/07/2010
Bianki #1/2: candombe y carnaval
Por Matías F.


Esta entrevista con Diego Bianchi -Bianki- tuvo lugar en la Galería Mar Dulce del barrio de Palermo, donde está exponiendo “Candombe lubolo” hasta el día viernes 30 de agosto, una muestra íntimamente relacionada con el libro Candombe. Si bien el motivo de la entrevista fue inicialmente dicho libro, al llegar me di cuenta de que no se podía separar una cosa de la otra, forman parte ambas, de una producción integral.

Charlar con Bianki es conocer a una persona polifacética que sin embargo tiene una sola cara. Es artista plástico, ilustrador, autor, editor y músico pero al hablar lo hace con la calidez que podría tener un amigo. También estaba presente Linda Neilson, dueña de la galería y traductora del libro al inglés, ella aportó sus preguntas que quedaron dentro de lo que terminó siendo más una charla, que una entrevista.

La primera parte, que leemos hoy, está dedicada al libro, al candombe y al carnaval. La segunda, que leeremos mañana, está dedicada específicamente a la editorial Pequeño editor.

***

Te quería preguntar por la bibliografía que propone el libro (Bajtin, Rabelais), no es algo común.

Fue parte del periplo del proyecto. Cuando me metí a trabajar en esto me cautivó toda esta cosa del color y del ritmo que tiene el candombe, la euforia que produce, el contagio en la gente que lo escucha. Para la inauguración logramos que viniera un grupo de tamborileros para tocar. En el Facebook de la galería hay una filmación muy linda.

La bibliografía tiene que ver un poco con indagar en la historia misma del carnaval, no solo del carnaval uruguayo, lo que puede ocurrir acá en Argentina o en cualquier otro país sino de dónde proviene, dónde se origina esta idea de lo pagano y hasta dónde llega. Cómo se entrecruza en ese camino con otras culturas y genera sincretismo y apropiaciones de una cultura para con otra.

Las lecturas de Bajtin me permitieron entender un poco más qué contaba Rabelais en Gargantúa y Pantagruel. Se nutría del sentido popular de las cosas. El tipo circulaba mucho por las ferias, andaba, por lo que cuenta Bajtin, oteando y escuchando lo que la gente hablaba e incorporaba al léxico cotidiano del momento. Vinculaba personajes que tenían que ver con el momento; él les daba con un caño y pasaban a ser personajes grotescos, los ridiculizaba, haciendo de sus textos un verdadero carnaval. Para mi eso fue súper inspirador, básico para que pudiera hacer este libro.

O sea que no hiciste el camino desde la obra hacia la bibliografía sino al revés.

Sí. Empecé siguiendo las comparsas y dibujando atrás de ellas [los cuadernos donde Bianki tomó sus notas]. Ahí me vinculé con la persona que me enseñó a tocar el tambor, que es uno de a quiénes está dedicado el libro y que también es artista, Jorge Carbajal. Es un chico de mi edad, percusionista además de pintor. Nos hicimos grandes amigos. Él era el director de la comparsa, entonces lo seguí un par de veces. Un día me acerqué y le dije “mirá a mí me interesa mucho esto, te quería pedir permiso para ver si podía dibujar mientras ustedes tocan…” y me dijo que sí. Un día me golpeó la espalda y me dijo “bueno, pero ahora tendrías que empezar a tocar el tambor. Si vas a dibujar, si querés involucrarte, ¿por qué no te ponés a tocar?” Yo jamás había empuñado un palillo ni un tambor.

Pero en el carnaval participan todos

Claro, pero vos podés ser de la parte que está fuera del carnaval y disfrutar también, lo que estaba haciendo yo: disfrutaba desde dentro de las comparsas y luego de eso yo hacía mi experiencia dibujando. Pero el hecho de ponerme a tocar me vinculó mucho más, porque yo viajé con ellos, dormí en los lugares donde ellos dormían, orinaba en los árboles donde ellos iban a orinar. Algunos andan orinando, otros andan bebiendo [indica en una de las obras], todas esas lecturas pudieron concretarse en el libro y siendo parte del grupo. No es fácil que la gente se abra para que vos puedas dibujar. De hecho cuando el director de la comparsa me propone que me involucre para tocar, yo fui bastante rechazado.

Hubo como una pequeña interna en ese momento sobre quién era esa persona que andaba anotando cosas mientras ensayaban o en algún viaje… entonces era como un bicho raro. Mientras yo trabajaba hacía esas lecturas que me permitían entender lo que sería el contexto que iba a sostener las imágenes del libro. No sé si está logrado, si se entiende o si alguien puede vincularlo con la obra de Rabelais. Me sorprendió que vino una persona acá a la muestra y dejó acá una anotación [en el libro de visitas] diciendo “¡uh, Rabelais, Rabelais, fantástico!”.

No es solamente la emoción del momento de la música. Son los momentos de espera y de aburrimiento [Participación de Linda]

Son momentos casi íntimos. Ésta escena, por ejemplo [señala una pieza donde diablillos riegan sal sobre los borrachos] está inspirada absolutamente en Rabelais porque el texto dice que había un diablillo “lubolo” que echaba sal en la boca de los sedientos dormidos. Pantagruel es el que andaba echando sal entre los borrachos.

El término “lubolo” hoy y hace ya unos cuantos años trató de explicar la actitud de un grupo de blancos que quisieron empezar a tocar tambor y a desfilar en las comparsas junto a los negros y se pintaron las partes visibles de negro para parecer negros: se pintaban la cara, se ponían guantes y medias. Hoy los tamborileros nos ponemos medias que se sostienen con cintas blancas entrecruzadas. Se ponían alpargatas y se cubrían la cabeza con un sombrero o con un pañuelo, a la vista del público todos eran negros en esa época.

La primera agrupación que hizo ese desfile fue una agrupación fundada por unos comerciantes argentinos. Habían visto en argentina una agrupación que se llamaba “lubola”; hoy es genérico, todas las agrupaciones son lubolas. Eso fue una de las primeras cosas que me llamaron la atención del carnaval en Uruguay. Yo veía que todas las pancartas de las comparsas decían “Agrupación lubola”, no hay no-lubola. Por eso también me gustó que le pongamos “Candombe lubolo” a la muestra, porque es casi una contradicción: la raíz de la palabra candombe es “cosa de negros” o perteneciente a los negros y lubolo es el blanco que se pinta de negro.

***

¿Me contás cómo es la ceremonia de calentar los tambores?

Es algo muy simple, se hace para tensar el cuero del tambor, el parche.

¿Cuánto años dura un parche? [Linda]

Depende del tambor y del que lo toca. A mí el último me duró cerca de tres años, pero duran mucho. También depende de cómo el músico trate a su tambor.

Si vos calentás muy rápido un tambor, si lo apurás, es probable que cuando salgas a tocar y haya mucho frenesí, lo rompas. El parche tiene que calentarse lentamente. Se arma un fuego, por lo general en el cordón de la vereda, nunca al lado de un árbol, en una superficie liberada de cosas. Se arman torniquetes con papel de diarios, se hace una montaña, se enciende fuego y se hace el rodeo de los tambores.

Acto seguido que se enciende el fuego se rodea de manera circular con los tambores a una distancia prudente, no conviene acercarlo mucho. Originalmente había una técnica que utilizaban los negros: frotaban el parche con un ajo mientras calentaban el tambor. Cuando el tamborilero consideraba que ya estaba suficientemente caliente el parche se le daba un escupitajo que, imagino yo, generaba un enfriamiento rápido. El ajo debería estar vinculado como una especie de protección. Aunque hoy eso ya no se usa, yo lo estoy probando y queda más tenso el parche.

***

Qué curioso en una época de fuerte racismo travestirse para ser negro.

Sí, fue súper aceptado eso en Montevideo. Fue festejado al menos por lo que cuentan algunos autores. Uno de ellos es Vicente Rossi, tipógrafo, filólogo y muy interesado por la música, el tango, el candombe y el jazz. En su libro cuenta que fue muy festejado.

También Ortíz Oderigo, que ahora lo han redescubierto en la Universidad de Tres de Febrero. Están editando todo su material poco a poco. Yo, después de hacer este proyecto encontré un libro que me recomendó Calderón, artista de la galería también, me dijo: “conseguí un diccionario de africanismos en el Río de la Plata que es imperdible” y es de Ortíz Oderigo. Él también cuenta esta historia de cuál es la significación y de dónde proviene la palabra “lubolo”. Creo que es el que mejor la cierra, inclusive tiene peleas en su época con Vicente Rossi, dice que es un chanta. Porque Rossi también adjudica la raíz de la palabra tango a una especie de onomatopeya, como si el negro no hubiera sabido decir “tambor” y hubiera dicho /tangó/.

El origen de la palabra “tango” proviene de otro lado. Con “lubolo” hay algo parecido. Los dos van por el mismo camino pero me parece que es más certera la mirada de Ortíz Oderigo que la de Vicente Rossi. Yo no puedo decir que Rossi es una bestia porque me nutrí de sus textos, pero esa palabra, “lubolo”, es parte integrante de este libro y esta muestra.

¿Vos fuiste primero espectador y luego participante o fue una única temporada en que fuiste ambas cosas?

Pasé por todas esas etapas, es un proyecto que empezó en 2004. Éste libro se publicó originalmente en Francia, en una editorial que se llama Rouergue, que está en la parte mediterránea, un lugar que está lleno de campo y vacas. Es una pequeña editorial muy significativa que tomó importancia en Europa porque tenía una propuesta bastante arriesgada de libros ilustrados, literatura infantil y también para adultos. Yo había hecho otros libros con ellos y me ofrecieron publicar en una colección que se llama “tout azimut” que quiere decir algo como “un poco de todo”. Les propuse hacer este trabajo; yo ya había estado para ese entonces como espectador primero y ya me había iniciado como tamborilero. Ahora, en Pequeño editor, años después, logramos sacar la edición en Buenos Aires.

Hay un largo periplo entre una cosa y la otra: participé como espectador al inicio, seguí de atrás a la comparsa dibujando, como espectador pero ya dibujando. Cuando estaba como espectador flipaba, me encantaba. Recién llegaba al Uruguay y me parecía todo bárbaro.

¿Fuiste a Uruguay especialmente para esto o por razones personales?

No, yo me fui a vivir al Uruguay y el candombe me sirvió también para involucrarme con la gente del lugar, a compartir un espacio social, como una cosa de club. Cuando uno va a otro país es difícil integrarse a la gente del lugar. En general uno se junta con otros argentinos pero en Colonia, a pesar de que está tan cerca, también está esa cosa del extranjero. Curioso, porque es un pueblo cosmopolita, con un montón de inmigrantes, hay más de 1200 inmigrantes de varios países, no solo latinoamericanos. Pero así y todo es gente de pueblo y uno sigue siendo extranjero toda la vida aunque vaya y toque candombe. Yo disponía en ese momento de bastante tiempo de ocio que me permitió tomar las clases, dedicarle tiempo a dibujar, inclusive fuera del tiempo dedicado al seguimiento de las comparsas. Estaba muy consustanciado con el tema, tenía tiempo para desarrollarlo y bueno, sirvió en esos dos aspectos, porque no conocía a nadie, tenía tiempo para aprovechar y volcarlo en mi obra; mientras me permitió relacionarme con la gente del lugar.

¿Hay grupos de inmigrantes que van especialmente a disfrutar del carnaval?

De la gente que yo conozco son muchos los que van porque se quieren ir de vacaciones a una playa tranquila y después se topan con el carnaval. Cuando se topan con él ya se organizan para irse de vacaciones en ese momento. Entonces está ese doble disfrute: un lugar tranquilo, bonito y de paso tenés el carnaval. Colonia se dio cuenta de eso y ahora, en enero, hay llamada de carnaval aunque la llamada principal es en Montevideo. Eso nuclea también mucho turismo. No tanto como hay en Brasil, por ejemplo, no hay una explotación tan turística del carnaval uruguayo. Todavía es bastante auténtico, se sigue haciendo siempre en el mismo barrio que es Palermo, un barrio chiquito de callecitas angostas donde la gente saca las sillas a las puertas o se asoma a los balcones. Lo que me pasó a mí al menos o veo que le pasa a mis amigos es que quedamos todos un poco asombrados.

Yo escuché muchos comentarios de la gente viviendo acá que hablan del carnaval diciendo que tenemos algunas comparsas pero no son auténticas. [Participación de Linda]

Bueno, pero es relativo eso. Hay una recuperación de las raíces, hoy justo recibí un correo que no sé cómo me llegó, es de la revista Quilombo, una revista que está en internet y se dedica a la cultura negra. En Salta, ahora, en julio, hay una reunión de candombe, van unas 300 agrupaciones. ¡Es un montón, en Salta! Un día llego allá porque tengo muchos amigos, algunos músicos y me llevan a un bar, estábamos tomando algo y de repente escucho chac-chac-chac, chac-chac, el golpe en la madera. Al principio no me di vuelta porque estaba bebiendo con mis amigos, estaba charlando. Pero me di vuelta y veo siete tipos sobre el escenario tocando candombe. Cuando bajan me entero por mi amigo que los conocía: eran los músicos de la Sinfónica de Salta que habían formado una agrupación de candombe. Se habían conseguido los tambores, eran músicos profesionales, pero curiosos de ésta música.

Es una música que consiguió cierto prestigio en el camino hacia el jazz, desde lo popular.


Sí, en Uruguay no hay músico de jazz que no haya pasado por ese ritmo. Ese espacio se está recuperando poco a poco en Argentina, donde también hubo mucho candombe. Lo que pasa es que acá los negros se murieron con la fiebre amarilla, en la guerra de la Triple Alianza y en el cruce de Los Andes con San Martín. Los pocos que quedaron se fueron murieron, la música quedó como olvidada. Pero ahora, en La Plata, por ejemplo, hay agrupaciones de candombe, en Salta hay agrupaciones de candombe. En Buenos Aires no sé cuántas hay, un montón.

Si algún día alguien se dedicara a producir un poco y aglutinarlas tendríamos algo parecido a lo que ocurría en otras épocas o a lo que está ocurriendo en Montevideo.

Estaba viendo ésta pieza en especial y pensaba en la inversión de los roles en las instituciones. ¿Pudiste sentir esa participación de la comunidad?
Por supuesto que hay gran parte de fantasía en lo que yo volqué en esas imágenes. En una están los jueces y la policía, hablando de esa inversión de roles carnavalescos. Vienen tocando el tambor y se suman en la imagen final. Si bien no vas a ver a un juez que vaya vestido con su toga a tocar, yo he tocado al lado de un policía, que se disfrazó de gramillero, el médico brujo. Esas cosas me parecían muy significativas, más real que lo del carnaval o lo que podía imaginarse el mismo Rabelais. Creo que eso también ocurre porque es un pueblo y porque está todo muy ligado.

Volviendo a tu pregunta: existe ese espíritu, yo lo percibí. Los comerciantes apoyan a las comparsas cuando van a pedirles algún dinero para promocionarse, trasladarse o hacerse los atuendos. El policía baila, alguno sale de algún comercio y agita, grita algo a la gente de la comparsa o se suma. De ahí sale la idea del libro.

Es una de las cosas que me impacto, cómo es parte del inconsciente colectivo. Aunque hay gente que dice que es grasa, groncho, allá se diría “plancha”. Tengo amigos que son de la “high-society” y cuando se enteraron de que toco el tambor dijeron “ah, pero estás re-candombero”.

¿Es una marca?

Sí, es una marca, algo muy popular. Algo que tiene una legibilidad a nivel de pueblo. Ciertos estamentos sociales prefieren estar marginados del pueblo y no mezclarse. Entonces por eso me divertía tomar la imagen de los jueces e involucrarlos tocando con los policías, dejaban todo de lado para meterse también en el carnaval donde estábamos todos.

Lo que tiene como aglutinante más que el color y los desfiles es el propio ritmo, que es hipnótico.

Hiciste el libro, la muestra: ¿el proyecto sigue o acabaste lo que vos querías producir?

Buena pregunta para generarme una duda, porque imágenes hay muchas más de las que se pueden ver en el libro. De hecho, en estos libros pequeños [señala sus diarios, en exhibición] hay un montón de imágenes que no pude volcar en la muestra. Pienso que podría seguir, pero también pienso que tendría que tomar una nueva distancia. Creo que esta muestra permite tener esa nueva distancia y tal vez produzca algún impulso como para seguir haciendo algo más. El 10 de septiembre voy a hacer una muestra en Colonia con parte de este material y otro que no daba para traer acá por cuestiones de tamaño.

Lo que sí me abrió un poco más la curiosidad para seguir trabajando el tema es la propia idea del carnaval. Hay tantos carnavales como pueblos que puedan festejarlos y a la vez ha habido diferentes tipos de sincretismos: no es lo mismo el carnaval que hay en Venecia que el carnaval que tenemos en Uruguay o en el noroeste argentino. Es ahí, en el NOA donde redescubrí el carnaval. A partir de mi curiosidad inicial que se generó por el candombe, ahora redescubrí el carnaval -yo digo “nuestro” carnaval porque estamos en Argentina pero creo que es bastante ajeno a los blancos- y creo que tiene mucha riqueza y potencia como éste, el que generó el ritmo del candombe.

¿En el carnaval también relacionamos arte y vida?

Es el ciclo natural, agradecerle a la naturaleza la abundancia, el agua de los ríos, la lluvia, los frutos, es la época en que nace el ganado.

Este año estuve en Jujuy, Tilcara, Humauaca, toda esa zona y lo pude presenciar por primera vez. Yo no lo había visto acá el carnaval más que por libros, fotos o amigos que me cuentan. Pero me fascinó. Entonces volviendo a tu pregunta, este proyecto me abrió la puerta a un nuevo proyecto que está vinculado por ese hilo conductor que es el carnaval y esa fuente de sincretismo. Del candombe me interesó el ritmo, la música. En el norte lo de la música me parece intrascendente, es un sostén. No es tan auténtica, de hecho las comparsas no tienen música, se contratan músicos profesionales con trompetas, clarinetes, bombos y platillos, son quince o veinte músicos con la diablada que va por delante. La gente ahorra todo el año para hacerse ese disfraz que vale como mil quinientos pesos. Los músicos van tocando y los diablos van correteando y bailando delante de los músicos. La gente va bebiendo todo el tiempo chicha o vino o lo que haya. Es un festejo justamente de la abundancia, un festejo a la vida.

Por último, me llamó la atención la edición con el texto en castellano y en inglés, que se haya editado en Francia también. ¿Tuviste devoluciones de lectores franceses o ingleses?

Bueno, en el comienzo creo que la editorial lo aceptó porque en Francia se consume mucha bibliografía que tenga que ver con la cultura africana. Hay mucha negritud allá. Pienso que el tema pudo entrar en la editorial por ese vínculo de Francia con la cultura negra. Después no tuve mayores referencias, no sé si por la distancia o qué, excepto por lo que me mandaba la editorial que publicaba algún medio que hacía algún comentario sobre el libro y porque causaba alguna curiosidad hablar de un ritmo desconocido, de un país latinoamericano pequeño.

El hecho de que acá estuviera en inglés tiene que ver con acercar a través de la editorial este libro al turismo. La editorial tiene que sostenerse con las ventas. Yo no sé cuánta gente se interesa acá por el candombe o cuánta gente podría disfrutar de este libro, pero sí sé que cuando hay un turista dando vueltas en un lugar quiere llevarse algo que tenga que ver con ese lugar: llevarse un vínculo o poder llevar un regalo y que su pariente lo pueda recibir con alegría, lo pueda entender. Allá lo propusieron los mismos franceses. Fue una buena sugerencia del editor. Además el tipo estuvo copadísimo, se vino al carnaval mientras yo estaba haciendo el laburo así que nos fuimos juntos para Montevideo. Estaba chocho, le encantó y ahí me dijo que tendríamos que poner el texto en castellano.

A mi me quedó eso de los dos idiomas para rescatarlo en nuestra edición pero vinculándolo al turismo. En Argentina hay mucho turismo y el candombe se conoce cada vez más. Entonces me pareció que era una lástima que un turista se llevara el libro y no pudiera leer el texto. No tiene otra razón que esa.

link a la nota original en Hablando del asunto En la nota Bianki #2/2 en la misma página la entrevista sigue, hablando del editorial pequeño editor

07/10 Ñ, por Diego Marinelli

Diego Bianki en Galería Mar Dulce
por Diego Marinelli
(Ñ, Diario Clarín, 24.07.10)

Bianki es uno de los referentes de la ilustración argentina. Un tipo hiperactivo y multifacético que hace poco más de diez años decidió abandonar la caótica Buenos Aires e instalarse del otro lado del río, en Colonia. Evidentemente no iba en busca de bajar su ritmo productivo, ya que desde allí continuó colaborando con medios como La Vanguardia (Barcelona), Público (Madrid) y Ñ, y manejando los hilos de Pequeño Editor una delicada editorial en la que publicó varios libros para niños y dio visibilidad a muchos de los autores que conforman la nueva generación de ilustradores argentinos.

Lo que sí hizo en Colonia, cuando sus múltiples actividades se lo permitían, fue sumergirse en el universo del candombe y las tradiciones de raíz africana que tanto y tan bien han florecido en Uruguay. Al principio hubo un acercamiento de tipo vouyeur, luego se convirtió en una especie de observador silencioso que deambulaba entre los músicos y bailarines, hasta que finalmente aceptó la invitación de colgarse un tambor e integrarse a la comparsa. Registro de esa experiencia es "Candombe: fiebre de carnaval", un magnífico libro-objeto en el que Bianki plasma su visión de la cultura negra en el Río de la Plata.

El libro, de alguna manera, es una pieza de no-ficción, una crónica pictórica de los códigos, la poética y la imaginería de las murgas uruguayas. No es fruto de una visión epidérmica, turística, sino de una experiencia personal de alta intensidad, comprometida con el objeto en cuestión. Bianki no fue simplemente a curiosear por los "tablados" o las "llamadas" en los momentos álgidos del carnaval. Le puso el cuerpo, se sacó sangre en las manos dándole a los parches. Y en el libro eso se nota.

Bianki utiliza su propio lenguaje -la ilustración- para revelar los códigos del lenguaje de las comparsas, poniendo en juego elementos como collages, fragmentos de estampillas o envoltorios de golosinas típicamente uruguayas, que se integran dentro de una colorista serie de escenas en las que van apareciendo diferentes conceptos relacionados con la cultura del carnaval. Estableciendo un sutil equilibrio entre su estilo propio y los colores e iconos caraterísticos del carnaval rioplatense, Bianki propone un recorrido pedagógico por la vestimenta y los ritos de las comparsas que, a medida que avanzan las páginas del libro, va ganando intensidad a través de escenas que se adentran en la identidad pagana, sensual y liberadora del carnaval.

En paralelo a la publicación del libro, la galería Mar Dulce abrió una exposición que puede verse hasta el próximo 31 de julio (el 30 de julio, allí será la presentación oficial, en la que participarán Tomás Abraham, Christian Ferrer y Ral Veroni). Si el libro muestra la culminación de un proyecto artístico, la exposición permite echar un vistazo al camino que Bianki siguió para llegar hasta allí. En las blancas paredes de esta casa-galería de Palermo cuelgan estudios y ensayos de imágenes que luego cristalizaron en el libro, escenas que quedaron afuera y ejercicios de resemantización como unos parches de tambor usados como lienzos de pinturas, entre otras curiosidades que dan cuenta de la trastienda del proceso creativo. En conjunto, conforman una excelente argumentación para quienes defienden la idea de que la ilustración ya ha dejado de ser un mero acompañante de textos y se ha convertido en un arte, en un verdadero arte.
extracto del libro “Candombe: fiebre de carnaval” por Diego Bianki
(peqeño editor, Argentina, 2009)


Cuando la chicarra anuncia el calor
con su canto embriagante, las lonjas
empiezan a vibrar.

Mientras los más rezagados
calientan su tambor alrededor del fuego,
un diablito lubolo convida vino y otro
hace de las suyas echando sal en la boca
de los sedientes dormidos.

El sol calienta y la uva madura,
ya es febrero, ya es candombe.
Más que nunca por los barrios,
se hace escuchar.

Los tamborileros pasan tocando
con su bastón de una sola punta,
tacaratá, tacaratá, tacaratá.

El tiempo se detiene, nadie para
de bailar.

La alegría ha sido coronada
Reina de la nueva república
de los Sedientos.

La multitud festeja con sus palmas,
sus caderas y las gargantas rojas
de tanto beber.

Solo se escucha la queja
de una monja que emerge del fuego
echando su maldición por toda
la ciudad.

Bailemos sobre las cenizas del rencor,
es carnaval.

Bebamos y toquemos sin parar,
tacaratá, tacaratá, tacaratá.








07/10 perfil, por Daniel Molina

Diego Bianchi en Galería Mar Dulce
por Daniel Molina
(Cultura, Diario Perfil, 18.07.10)

A los cinco años, todos somos artistas. A los doce, algunos siguen teniendo esa mirada capaz de transformar el mundo en poesía, pero ya sus compañeros los miran con desconfianza. Casi nadie llega a los veinticinco sin haberse convertido en ese animal cabizbajo que tira ciegamente del carro que va camino del cementerio. A pesar de tener bastante más de veinticinco, Bianki (La Plata, 1963) sigue mirando el mundo con sus ojos de niño alucinado.

La obra de Bianki pone en escena una sensibilidad que, por comodidad, describiremos como “infantil”. Es un dios benévolo que ama cada detalle del mundo: jamás discrimina. Todo lo que existe le parece bueno. En cada cosa descubre su costado espléndido. Ve un trozo de basura y lo transforma en una alhaja. Encuentra un sobrecito de café tirado y con él dibuja un mundo en el que vive un pequeño personaje, que –de alguna extraña manera- nos refleja, nos interpela y nos emociona. Toma una etiqueta y la interviene: ahora es el pasaporte a la alegría.

En la muestra Candombe Lubolo, Bianki presenta una serie de obras que son el fruto de un intenso trabajo de investigación en torno a la música negra del Río de la Plata. Desde hace años (casi desde que se mudó a Colonia, Uruguay) se interesa por las comparsas de candombe. Las sigue en las llamadas, va a sus ensayos, participa de la vida interna de las comunidades que se forman en torno a ellas, hasta el punto de haberse integrado plenamente a ese universo como un intérprete musical más: aporrea un tambor chico en las cálidas noches de carnaval.

La palabra “candombe” refiere a una ceremonia afro-rioplatense que existe desde la época colonial. Deriva, según el diccionario de Néstor Ortiz Oderigo, del adjetivo kimbundú ndombe, que significá “negro”. Candombe es “propio de los negros” o “perteneciente a los negros”. El ritmo es interpretado en forma de danza y acompañado por tres membranófonos de diferentes tamaños: chico –el que ejecuta Bianki-, repique y piano. Ya Vicente Rossi –el primer historiador del tango, admirado y muy citado por Borges- dice que el término “lubolo” se usa para designar a los blancos que integran las comparsas, que se pintan de negro las partes visibles del cuerpo (cara, cuello, pantorillas). La primera comparsa lubola fue fundada en Montevideo por dos argentinos y se llamó “Negros lubolos”. Bianki es un lubolo que tiene el alma negra aunque la piel se vea un poco más clara.

A través de cuadros, serigrafías, objetos e intervenciones sobre todo tipo de materiales (desde papel hasta parches de tambores), Bianki dibuja. Aunque pinte o construya una máscara, lo suyo es el dibujo: ese arte esencial adquiere en sus manos una densidad poética extrema. Bianki es un maestro del dibujo: sus obras son el fruto de una enorme condensación mental y de una mirada tan aguda como sutil. Es capaz de transformar una mancha en un mundo más interesante que el que surgió del Big Bang.

Si bien en esta muestra hay un cuadro de grandes dimensiones, lo propio de la obra de Bianki es el pequeño formato, incluso lo ínfimo. Uno imagina que va a terminar dibujando un amplio paisaje sobre la superficie mínima de un grano de arroz. Esa apuesta a lo pequeño no es casual: hay una relación esencial entre su mirada, enternecida ante los objetos, y el tamaño escaso en el que se desarrolla su épica sin héroes. La suya es una mirada inaugural: pareciera estar mirando las cosas por primera vez. Sus dibujos remiten a un pasado que tal vez no existió pero que recordamos con emoción. Se trata del momento en el que las cosas todavía no se corrompieron: se encuentran en un extraño estado de gracia. Cuando la vida, aun en estado larval, parecía tener sentido.

A través de sus dibujos, Bianki nos regresa al momento glorioso en que el teníamos cinco años: esa época en la que todos fuimos artistas.

Bianki (Diego Bianchi)

(English below)
Bianki (Diego Bianchi) nació en la ciudad de La Plata en 1963. Es artista, diseñador, ilustrador y editor. Se graduó como maestro de dibujo en el Bachillerato de Bellas Artes de la Universidad de la Plata y posteriormente cursó la carrera de Diseño en dicha universidad. Ha realizado numerosas muestras individuales y colectivas, entre las que se destacan: Candombe lúbolo, Galería Mar Dulce, Buenos Aires (2010); El arte de la elegancia, Elsi del río, Buenos Aires (2007); Place project, Museo de arte Contemporáneo de Barcelona (2005); Inventario, Centro Cultural de Recoleta, Buenos Aires (2002); Gráfica adhesiva, Centro cultural de España, Lima, Perú (2001). En 1993, junto al humorista gráfico Sergio Langer, fundó la mítica revista de artes gráficas, Lápiz Japonés y junto a Ral Veroni y Elenio Pico fundó La Comuna (Calle Charlone, Buenos Aires) donde se desarrollaran exposiciones y otras actividades artísticas hasta el 1998. En el 2002 fundó junto a la escritora Ruth Kaufman el sello de libros ilustrados pequeño editor. Es además ilustrador en medios de prensa: las revistas Ñ y Viva de Buenos Aires y los periódicos La vanguardia de Barcelona y Público de Madrid. Cuenta con numerosos libros publicados en el ámbito de la literatura juvenil de su país y de Francia, España, Alemania y México. Vive y trabaja en Colonia del Sacramento, Uruguay.

Cliquear acá para visitar la exposición individual de Bianki en Mar Dulce, Candombe lubolo (2010).


Bianki (Diego Bianchi) was born in the city of La Plata, Argentina in 1963. He is an artist, designer, illustrator and editor. He graduated in Fine Arts (Drawing) from the La Plata University and later studied for a degree in Design at the same university. He has realized numerous solo and group exhibitions, including: Candombe lúbolo, Galería Mar Dulce, Buenos Aires (2010); El arte de la elegancia, Elsi del río, Buenos Aires (2007); Place project, MACBA, Barcelona Contemporary Art Muesum, Spain (2005); Inventario, Recoleta Cultural Centre, Buenos Aires (2002); Gráfica adhesiva, Spanish Cultural Centre, Lima, Peru (2001). In 1993, together with the graphic humourist Sergio Langer, he founded the cult magazine Lápiz Japonés and together with Ral Veroni and Elenio Pico he founded La Comuna (Calle Charlone, Buenos Aires), where exhibitions and other artistic activities took place until 1998. In 2002, together with the writer Ruth Kaufman, he founded the publishing house pequeño editor. He is also illustrator for the cultural supplments Ñ and Viva in Buenos Aires and the newspapers La vanguardia of Barcelona and Público of Madrid. Numerous books of his work have been published in the field of children’s illustration, in Argentina, France, Spain and Germany. He lives and works in Colonia del Sacramento, Uruguay.

Click here to visit Bianki’s solo exhibition in Mar Dulce, Candombe Lubolo (2010).